¿Estamos
condenados por nuestra naturaleza a sufrir la violencia?
Hay quien opina que no pasa nada en especial, viendo las noticias cada día, en el mundo
actual, el ser humano ha sido, es y será violento hasta el fin de los días. Violencia tanto a nivel de personas en la vida diaria (asesinatos, violaciones, ...) como a nivel de países o confesiones.
A poco que echemos un vistazo al pasado resulta evidente que ha habido épocas mejores y peores en las que vivir, el siglo XX, sin ir más lejos, nos ha dejado esplendidos ejemplos de lo mejor y de lo peor.
A poco que echemos un vistazo al pasado resulta evidente que ha habido épocas mejores y peores en las que vivir, el siglo XX, sin ir más lejos, nos ha dejado esplendidos ejemplos de lo mejor y de lo peor.
Para bien o para mal nosotros, una parte de los actuales
inquilinos de la Tierra, venimos de disfrutar de lo mejor, con sus más y con
sus menos, pero ocurre que la otra parte no está muy satisfecha del reparto y
el futuro a corto y medio plazo cuando menos da para preocuparse seriamente
sobre que va a ser de nosotros.
Si difícil es ponerse en un país a reflexionar sobre los
motivos de la violencia que sufre y de las medidas para solucionarlo, pero hay
ejemplos de ello con notables resultados (solo hay que comparar, por poner un
ejemplo, la violencia en las calles de Mexico, Guatemala o el Bronx con las de
Londres, Paris o Madrid) imposible parece ser a nivel mundial en la violencia
entre estados, confesiones o ideologías.
A finales de los 90 con la caída del Telón de acero, el
final de las sangrientas dictaduras que asolaban buena parte del planeta, el
alza del nivel de vida de la población en general y los enormes descubrimientos
científicos se respiraba un aire de esperanza, parecía que el Mundo estaba en
camino de dejar atrás siglos de violencia y atrocidades, adentrándonos en el
siglo XXI nuestra sonrisa empieza a congelársenos en nuestro rostro, pues empezamos
a adentrarnos en una situación que no permite mucho optimismo, especialmente
por lo complejo que es todo:
. La crisis económica mundial.
. El aumento de la población parejo al descenso de las
materias primas.
. El gravísimo conflicto entre Occidente y una importante
parte del Islam
. El potencial conflicto entre Occidente, China y Rusia
. El reguero de conflictos entre países o dentro de un país
. El reguero de conflictos entre países o dentro de un país
. El deterioro de los valores humanos en Occidente (han
comparado este tiempo con el final del Imperio romano)
. La contaminación y sus consecuencias
. O simplemente un minúsculo virus con los que tanto nos
gusta jugar.
¿Estamos condenados a sufrir la violencia?
Importante es resaltar una cuestión: hacer un análisis de realidad no tiene nada que ver con que seamos personas optimistas o pesimistas por naturaleza, es evidente y no se puede obviar que en general los análisis que mucha gente hace están bastante más basados en lo optimista o pesimista que se sea, saltándose la realidad, porque ocurre que para quien tiene un fe solo existe la parte de la realidad que le afianza en su valores, y tenemos todos los ejemplos del mundo que queramos cotidianamente, solo hay que escuchar las razones de los políticos: toda va fantástico para los que gobiernan y terriblemente mal para la oposición, por poner un ejemplo, pero esto lo pdemos extrapolar a la religión o a los conflictos entre parejas. Conclusión: o no existe la realidad o cada cual la mira a través de un caleidoscopio, por supuesto de los colores que a cada uno le interesan.
Así que hagamos el esfuerzo de dejar de lado, momentáneamente, nuestro parecer (si sirve de algo diré que soy una persona tremendamente optimista pero que perdí mi caleidoscopio hace ya tiempo) y revisemos algunos datos:
Así que hagamos el esfuerzo de dejar de lado, momentáneamente, nuestro parecer (si sirve de algo diré que soy una persona tremendamente optimista pero que perdí mi caleidoscopio hace ya tiempo) y revisemos algunos datos:
Los datos de delincuencia en Europa occidental son
similares en todos los países, aunque haya diferencias importantes, con un bajo
nivel de delincuencia en general, pero subiendo en los últimos años. En Estados
Unidos es notablemente más elevado, habiendo crecido mucho en las últimas
décadas también.
En USA se cometen ocho veces más atracos que en Inglaterra.
La población negra que representa el 11% comete el 72% de los asesinatos y el
85% de los atracos (datos de 1981, Marvin Harris).
En los Ángeles los negros cometen el 50% de los asesinatos
cuando son el 15% de la población.
Descontando la población negra, la blanca comete solo tres
veces más asesinatos que en Inglaterra, pero tres veces más. Respecto a la
negra resulta que la abundante población negra existente ahora en España no se
suele ver involucrada en asesinatos ni en robos.
”Las ciudades son
los lugares más poblados, pero, ¿por qué en Washinton hay un índice anual de
homicidios del 34,6 por cada 100.000 individuos y en Nueva York 14,4, mientras
que en Berlín hay un 1,4, en Roma un 1,2 y en Tokio un 0,5” (Bien natural).
La media europea
es 1,6 y por países: España 0,92, Irlanda 0,55, Noruega 1,08, Alemania 1,12,
Portugal 1,54, Polonia 2,82, Rumania 4,47, Letonia 15,64, Rusia 24,76 (European
Sourcebook on crime and justice)
Los negros y los blancos son los mismos en América e
Inglaterra, ¿por qué esa disparidad de comportamientos? 4,8 asesinatos por
100.000 habitantes en USA y 1,6 en Europa (los datos son medias de zonas
urbanas y rurales, los anteriores solo eran de zonas urbanas), y no sirve decir
que allí cualquiera tiene armas porque en España hay por lo menos un millón y
medio de escopetas de caza, más aparte cuerpos armados, etc. Y como comentó
Michael Moore en Canadá hay millones de armas de caza y no por eso padecen los
índices de violencia que hay al otro lado de la frontera.
En 1970 vivían en la
RFA 20 millones de personas en las grandes ciudades, que
representaban el 32% de la población y cometían más del 50% de los delitos. En
las zonas rurales vivían 18 millones de personas, 30% de la población y
cometían el 14% de los delitos.
Son datos matizables porque hay que tener en cuenta que la gente que más se sale de la “norma”,
por llamarla de alguna manera, se va de las zonas rurales a las ciudades por lo
que estas concentran más gente fuera de la “norma”, pero esa misma gente si
hubiera seguido viviendo en una zona rural, con el control social que conlleva,
no hubieran llegado tan lejos, sea en la delincuencia, en las drogas, llevando
una vida disoluta, etc.
“Cuando los
jóvenes afro americanos y los jóvenes blancos fueron comparados sin atender al
contexto del barrio, los jóvenes afro americanos eran delincuentes más
frecuentes y serios que los jóvenes blancos. Cuando los jóvenes afro americanos
no vivían en barriadas de clase baja su conducta delictiva fue similar a la de
los jóvenes blancos” (Journal of Quantitative Criminology)
Estas diferencias y otras muchas que se podrían sacar
comparando a etnias minoritarias, que en algunos casos parten de una gran marginalidad,
como los gitanos en Europa, ponen en duda la casualidad y la genética. En el
caso de los gitanos muchos viven ahora de una forma “normal” y seguro que las
diferencias con los gitanos marginales en lo relativo a delitos sería similar a
la que hay que entre los jóvenes negros que viven en barrios marginales y los
que viven en barrios normales, el problema es que estos datos no se hacen
públicos. Si fuera por la genética no habría estas diferencias en una misma raza dependiendo de donde vive, los nórdicos seguirían siendo como los vikingos y los alemanes generación tras generación abrazarían ideas violentas y reaccionarias, pero, que casualidad, tanto nórdicos como alemanes son los países más avanzados en temas sociales y tienen unos índices de delincuencia a años luz de los EEUU.
También son evidentes las diferencias en los datos de
delincuencia entre los países de Europa occidental y los de la oriental,
especialmente Rusia.
La ira y el odio no nacen de la nada y no están registrados
en nuestros genes más que como una posibilidad, una capacidad más entre tantas,
por si se presenta la necesidad (por si la especie, visto desde un punto de
vista biológico, lo necesita). Al no poder controlar nuestros instintos más que
en circunstancias normales, nuestras respuestas son en muchos casos viscerales
y no las controlamos, se fijaron allí en nuestra infancia cuando nada estaba en
nuestras manos hacer para evitarlo. Ante la misma situación cada cual
responderá de una forma distinta sin que se haya decidido conscientemente que
quiera responder así, le ha sido dado por las circunstancias, de hecho que
levante la mano el que no se arrepiente de sus “prontos”, algunos incluso nos
sorprenden a nosotros mismos.
Hay quien lo ve claro: lo llevan inscrito en sus genes, otros
piensan que llevan una gran carga de frustración, ira, rencor.... En noviembre
de 2005 se ha tenido que decretar el toque de queda en muchas ciudades
francesas para los adolescentes por la noche debido a los brotes de violencia.
La respuesta del ministro francés del interior no es nada sorprendente, a no
ser por que otros muchos antes que él ya han recurrido a semejante estrategia:
"Esto no es algo improvisado si no que hay alguien detrás dirigiendo
esto", más o menos. Somos unos cuantos los que tenemos experiencia en
cosas así o conocemos a quien la ha tenido, a parte de la experiencia que nos
aporta el conocimiento de situaciones similares en muchos países y sabemos
también como los asesores que le informan a este ministro que estas cosas no
están organizadas, que cuando la presión se acumula saltan las válvulas de
seguridad, y en los barrios marginales se acumula mucha presión. En el caso de
Francia esto se veía venir desde hacía tiempo, en España el fenómeno de la
inmigración ha empezado más tarde, pero todo indica que el final no será muy
diferente, a pesar de partir de una situación de menor rechazo a los
extranjeros y en general de una mejor integración de los niños y jóvenes
extranjeros.
Una familia “normal” de cuatro hijos pero desgraciadamente con
el padre alcohólico. En una época en la que era duro vivir él derrochaba gran
cantidad de dinero, las broncas eran habituales y por todo esto la familia no
aparecía por casa. Todo el mundo veía esta injusticia, la familia, los vecinos,
las autoridades, pero nadie hizo nada. Ni nadie intervino en otra familia
marginal con cinco hijos viviendo como salvajes y teniendo que ser expulsados
de los colegios por insociables, recibiendo el desprecio y el temor de mucha
gente y por supuesto la violencia física y psíquica, empezando por su propia
casa.
Y nadie hizo nada por las dos hijas de los vecinos de esta
familia marginal que vivieron durante años una situación esquizofrénica por
tener semejantes vecinos y por que su madre era una gitana “apayada”, bizca y
con un coeficiente intelectual que dejaba mucho que desear y su padre cuarentón
con una depresión que le imposibilitaba trabajar y prácticamente salir a la
calle, vivían de pensiones por invalidez. Ambos tipos de personalidad son
despreciados en el ambiente marginal de los gitanos por lo que eran doblemente
víctimas. Muchas veces las niñas iban al colegio porque voluntarios de Cruz
Roja las llevaban ante la imposibilidad del padre si la madre no estaba.
En definitiva nadie hizo nada en miles y miles de casos como
estos y mucho, muchísimo peores. ¿Que sentimiento pueden guardar en su interior
todos estos niños hacia el resto de la sociedad cuando son adultos, aunque
ellos no sean conscientes?, ira, rencor, deseos de venganza, frustración,....
Afortunadamente nuestra cultura en la mayoría de los casos lleva a interiorizar
esos sentimientos, pero cuando la situación se desborda le salen a la sociedad,
como a la americana por ejemplo, unos cuantos que se dan el gusto de soltarlo
todo de golpe.
A un amigo le comentaba un día un conocido suyo que era
yonki, que cuando salía por la mañana a la calle se quedaría en el portal y sin
levantar la cabeza barrería la calle con una ráfaga de metralleta, ¡seguro que
se lo merecían todos!.
No es casual que en muchos de los casos de asesinos
múltiples en USA a alguien se le escape el comentario de que habían sido gente
de la que se burlaban o despreciaban sus compañeros, por ejemplo los del
instituto Colombine, tristemente famoso y otros más que están reflejados en la
prensa, pero es un detalle al que no se le presta mucha atención.
En definitivas cuentas quien defiende la violencia innata
en la especie humano lo hace aduciendo la historia humana y la verdad es que
resulta difícil llevarle la contraria. Este tipo de mentalidad “no necesita
pruebas científicas”, ya se las da la historia, lo que se pasa por alto es que
la historia contada habla permanentemente de violencia pero se olvida de las
épocas y pueblos que no han sido violentos. Tampoco cuenta la historia el
verdadero motivo de esa violencia y no explica porqué esa diferencia de datos
estadísticos sobre la violencia en distintos pueblos o en el mismo en distintas
épocas o en distintos barrios.
Pero aunque no se le haga mucha propaganda también ha
habido y hay pueblos pacíficos y solidarios, evidentemente son minoría, como no
podía ser de otra forma, puesto que en el momento que un pueblo se vuelve
ofensivo y militarista vence fácilmente a pueblos pacíficos, pero no todos son
como los yanomami en que el 33% de los hombres moría en combate, 166 por
100.000 habitantes/año y mucho peor el de los sambias de Nueva Guinea con una
tasa de 500 homicidios por 100.000 habitantes, aproximadamente un 46% de los
hombres mueren en combate, sin duda todo un record.
Esto en cuanto al sexo masculino, si tomamos en cuenta el
porcentaje total de población muerta por causas bélicas es de el 32,7% entre
los jíbaros, 20,9 entre los yanomamis de Venezuela, entre el 15,5 y el 18,6%
entre algunos papúas. Por comparación las guerras europeas del siglo XVII solo
afectaron al 2% de la población, el 3% en Francia en las guerras del siglo XX.
(El camino de la guerra)
Pueblos pacíficos han existido y existen como los indígenas
de las Andamán, los shoshoni, paiutes y mission de EEUU, los yahgan de
Patagonia, los semai de Malasia, los pigmeos mbutis o los bosquimanos.
Parece ser que la guerra está íntimamente ligada a la
presión demográfica, o sea, a falta de otro método de control de la población, la
guerra era la única alternativa, otra hubiera podido ser el sacrificio ritual
pero lo lógico es que si tiene que morir alguien sea un extraño.
“En el bosque
denso, con una población escasa, la caza y los conflictos entre humanos van
parejos. En la sabana, espacio muy antropizado (humanizado) y poblado, la
guerra predomina. A.M. y P. Pètrequin deducen que la presión demográfica, la
sedentarización y el medio natural abierto favorecen la guerra en detrimento de
la caza.
Es tentador
intentar establecer paralelismos entre este modelo y el Neolítico de Europa
occidental, en la que durante el IV milenio se pasó, de una sociedad poco sedentaria con una caza
importante a una etapa marcada por la fijación en el territorio, con una mayor
antropización del medio y una competencia superior tanto externa como interna”.
(El camino de la guerra)
Evidentemente ellos no eran conscientes del trasfondo (el
canibalismo azteca es un buen ejemplo)
Las guerras tribales y las que han realizado los estados no
se parecen más que en las formas. Una tribu no pretendía conquistar el
territorio vecino, pues no tenía una organización estatal para ello ni
población suficiente. Solo los estados realmente pretendían conquistar
territorios para acumular más poder y riquezas con el saqueo y las guerras
estaban claramente enfocadas a este fin, de aquí que en muchos pueblos íberos
conquistados por los romanos se inmolaran todos los habitantes en el mismo
instante que sus defensas eran rebasadas, de esta forma a los romanos les salía
cara la victoria pues las riquezas y los esclavos servían para pagar a la
tropa.
Pero cuando una banda cazadora/recolectora vence a otra ni
le sirve el territorio, ni consigue botín alguno, pues lo único que pueden
encontrar en el campamento enemigo es algo de comida, no mucha, algunas armas,
que las sabe fabricar cualquiera, algunas pieles, mujeres o caballos y poco
más.
¿Que salen ganando matándose?, salen ganando dos cosas,
primero control de la población, curiosamente no de forma directa pues los
combatientes son hombres que no tienen ninguna incidencia en el crecimiento de
la población, un solo hombre puede tener cientos de hijos con decenas de
mujeres. Pero la guerra no es la única característica de los pueblos guerreros,
son los hombres los que combaten, así que las niñas no son bienvenidas, por lo
que estos pueblos tienen los mayores grados de desigualdad (sex/ratio) entre
sexos ya que el infanticidio femenino es la norma. En China son más modernos y
al infanticidio femenino se le denomina aborto selectivo o abandono en los
hospicios, causado en este caso en vez de por la guerra por la política del
hijo único.
Diversos estudios de población realizados por antropólogos
son muy expresivos. Los datos de población realizados por los antropólogos a
etnias que todavía practicaban la guerra, y el infanticidio, cuando llegaron
los occidentales, muestran una a tasa de población media de 133/100 a favor de
los varones en el estrato de edad adolescente, pero de 96/100 en los adultos.
En cambio esas medias cambian si el censo se realizó 25 años o más después de
dejar la guerra como práctica habitual a 104/100 en los jóvenes y 96/100 para
adultos.
Otra ganancia que produce la guerra a un pueblo cazador es
más indirecta pero básica para su supervivencia. Imaginemos los albores de la
expansión de nuestra especie por el planeta, toda la Tierra estaba virgen de
competidores excepto la que íbamos dejando atrás. La caza sobraba y cada clan
podía ocupar todas las tierras que necesitara y tener toda la descendencia que
deseara sin ninguna cortapisa. Una vez ocupado todo el territorio, ya no hay
donde ir y los animales que cazar y frutos que recoger son finitos, y todavía
no han aprendido sistemas de incentivar la producción. Y aquí comienza el
problema, la evolución fue tan lenta que ellos no pudieron llegar a la conclusión
de que la caza se acababa por el aumento de población, algo con lo que nuestra
especie no se había encontrado nunca y no estaba preparada para comprenderlo.
Por lo tanto en una situación de guerra permanente las fronteras de los
territorios son tierra de nadie, donde resulta peligroso cazar o recolectar,
por lo que estos terrenos se terminan convirtiendo en reservorios de los
animales de caza, tanto por que se les caza menos como porque en estas zonas
pueden criar con tranquilidad.
Hoy día los reservorios de fauna son una pieza importante
en la gestión medioambiental en forma de parques nacionales o cualquier otra
figura de protección.
“Hay una repulsión
o intolerancia innata al sufrimiento ajeno, que mueve a la misericordia y al
auxilio intra específico. Este impulso solidario no es suficiente para
desactivar la violencia que unos hombres ejercen sobre otros y que ocasiona
mucho dolor; pero impide afirmar que el hombre sea constitutivamente
malo-para-el-otro”. (El hombre en desazón)
Es fácil llegar a la conclusión de que la violencia es
genética viendo familias donde la delincuencia se hereda en mucha mayor medida,
pero viendo como se cría a esos niños salta a la vista que no es necesaria la
genética, son criados como salvajes y como tal se comportan aunque unos pocos
sean capaces de romper la cadena y salirse de ese ambiente. Pero también niños
adoptados han tenido unos niveles de delincuencia más parecidos a sus padres
biológicos que a los adoptivos, en primer lugar pueden ser los genes, pero
también las improntas que esos niños han recibido hasta determinada edad en que
fueron apartados de sus padres biológicos, así que aquí cabría diferenciar por
edades para ver la diferencia entre la genética y la impronta. Alguien puede
pensar que no somos los patos de Konrat Lorenz, por lo de la impronta, pero son
ellos los que tienen que demostrar que la impronta no existe en el homo sapiens.
“Hemos visto esos
pocos casos en los que un ser humano crece aislado en la selva, ¿que pasa con
ellos? Van a tener un desarrollo similar al de un simio. Un niño que no recibe
estímulos culturales de su entorno no puede desarrollar todo su potencial, no
irá más allá que cualquier antropoide” (Victoria Hernádez, La Razón 29-9-07)
Según Eric Turkheimer la criminalidad no está en unos genes
heredables si no en “personalidades” heredables, lo que es muy distinto y en
principio más controlable.
Parece pues que la violencia en nuestra especie no es tan
inevitable como se cree, o mejor dicho es tan innata como el pacifismo, solo
depende de las necesidades que las circunstancias cambiantes crean.
Viendo los datos de delincuencia entre USA y Europa o entre
los barrios marginales y los que no lo son, salta a la vista sin ser ningún
experto que esos niveles de delincuencia tan altos están claramente motivados
por circunstancias muy determinadas. Por lo tanto esa diferencia entre el
4,8/100.000 de asesinatos en USA y el 0,96 en España se puede solucionar actuando
sobre esas circunstancias. Pero aún así queda ese 0,96 en España ¿Es el mínimo
inevitable?, bueno en Europa pasa exactamente lo mismo, la inmensa mayoría de
esos asesinatos los comete una pequeña fracción de la población y en zonas
urbanas, 32% de la población alemana comete más del 50% de los delitos, una
reducción más que drástica, aún así ¿es inevitable esa violencia?, puede que si
o puede que no, pero no cabe ninguna duda de que si se invirtiera un poco más
en apoyo social aún bajarían más esas cifras y por lo pronto los índices de
delincuencia serían bastante anecdóticos. Simplemente centrar esfuerzos en las
capas de la población marginal y en los delincuentes reincidentes, una pequeña
parte de la población donde se concentra la mayor de los delitos, sin duda
bajaría una parte de esos porcentajes de violencia.
Y ahora extrapolemos todo esto que pasa individualmente en
cada país, sus niveles de delincuencia y violencia social, a todo el mundo, como si la Tierra fuera un
país y cada país actual una región, porque las dinámicas sociales son similares
a escala de familia, ciudad, región, país y el mundo.
Puede que la violencia sea inevitable pero de los 4,8
homicidios por 100.000 habitantes en
EEUU a los 0,96 de España (sin contar los 500 homicidios por 100.000 de los
sambias de Nueva Guinea) hay un gran porcentaje que es evidente que no está en
los genes si no en aspectos sociales, un porcentaje que representa en EEUU unos
24.000 de los aproximadamente 30.000 homicidios anuales, 24.000 personas que no
hubieran muerto un año dado si la sociedad americana se preguntara el porqué de
sus elevados índices de delincuencia.
Y de la misma forma que la elevada violencia en las calles
americanas no ha salido de la nada ni existe por una fatalidad del destino,
tampoco la violencia que amenaza a países enteros como México, Gautemala o el
Congo, ni el radicalismo islamista o cualquiera de los conflictos que están
poniendo el mundo al borde del peligro han salido de la nada.
¿Podremos acabar alguna vez con esta cadena de violencia?,
puede que sí o puede que no, son mayoría los que creen lo segundo y abogan por
la mano dura para su control, por otro lado están los “buenistas”, entre medio excepticos
más o menos escorados a un lado u otro y por fin unos pocos que, dejando al
margen lo que sus emociones le dictan, abogan por la utilización de la
característica distintiva de nuestra especie: la racionalidad (que dicho sea de
paso es como el sentido común: el menos común de los sentidos). Y en este caso
los dispares datos de delincuencia dejan claro que al menos en EEUU se
ahorrarían unas 24.000 muertes año y muy probablemente Occidente una parte
importante de la cantidad de muertes por terrorismo y el choque de trenes que
se intuye con el Islam, amén de lo que pueda pasar con Rusia o China.
La violencia no es inevitable, al menos gran parte de ella, sabemos de donde nace y tenemos las herramientas para evitarla, como así lo han demostrada distintas sociedades.

