miércoles, 13 de enero de 2016

¿Estamos condenados por nuestra naturaleza a sufrir la violencia?
Hay quien opina que no pasa nada en especial, viendo las noticias cada día, en el mundo actual, el ser humano ha sido, es y será violento hasta el fin de los días. Violencia tanto a nivel de personas en la vida diaria (asesinatos, violaciones, ...) como a nivel de países o confesiones.
A poco que echemos un vistazo al pasado resulta evidente que ha habido épocas mejores y peores en las que vivir, el siglo XX, sin ir más lejos, nos ha dejado esplendidos ejemplos de lo mejor y de lo peor.
Para bien o para mal nosotros, una parte de los actuales inquilinos de la Tierra, venimos de disfrutar de lo mejor, con sus más y con sus menos, pero ocurre que la otra parte no está muy satisfecha del reparto y el futuro a corto y medio plazo cuando menos da para preocuparse seriamente sobre que va a ser de nosotros.
Si difícil es ponerse en un país a reflexionar sobre los motivos de la violencia que sufre y de las medidas para solucionarlo, pero hay ejemplos de ello con notables resultados (solo hay que comparar, por poner un ejemplo, la violencia en las calles de Mexico, Guatemala o el Bronx con las de Londres, Paris o Madrid) imposible parece ser a nivel mundial en la violencia entre estados, confesiones o ideologías.

A finales de los 90 con la caída del Telón de acero, el final de las sangrientas dictaduras que asolaban buena parte del planeta, el alza del nivel de vida de la población en general y los enormes descubrimientos científicos se respiraba un aire de esperanza, parecía que el Mundo estaba en camino de dejar atrás siglos de violencia y atrocidades, adentrándonos en el siglo XXI nuestra sonrisa empieza a congelársenos en nuestro rostro, pues empezamos a adentrarnos en una situación que no permite mucho optimismo, especialmente por lo complejo que es todo:
. La crisis económica mundial.
. El aumento de la población parejo al descenso de las materias primas.
. El gravísimo conflicto entre Occidente y una importante parte del Islam
. El potencial conflicto entre Occidente, China y Rusia
. El reguero de conflictos entre países o dentro de un país
. El deterioro de los valores humanos en Occidente (han comparado este tiempo con el final del Imperio romano)
. La contaminación y sus consecuencias
. O simplemente un minúsculo virus con los que tanto nos gusta jugar.

¿Estamos condenados a sufrir la violencia?
Importante es resaltar una cuestión: hacer un análisis de realidad no tiene nada que ver con que seamos personas optimistas o pesimistas por naturaleza, es evidente y no se puede obviar que en general los análisis que mucha gente hace están bastante más basados en  lo optimista o pesimista que se sea, saltándose la realidad, porque ocurre que para quien tiene un fe solo existe la parte de la realidad que le afianza en su valores, y tenemos todos los ejemplos del mundo que queramos cotidianamente, solo hay que escuchar las razones de los políticos: toda va fantástico para los que gobiernan y terriblemente mal para la oposición, por poner un ejemplo, pero esto lo pdemos extrapolar a la religión o a los conflictos entre parejas. Conclusión: o no existe la realidad o cada cual la mira a través de un caleidoscopio, por supuesto de los colores que a cada uno le interesan.

Así que hagamos el esfuerzo de dejar de lado, momentáneamente, nuestro parecer (si sirve de algo diré que soy una persona tremendamente optimista pero que perdí mi caleidoscopio hace ya tiempo) y revisemos algunos datos:
Los datos de delincuencia en Europa occidental son similares en todos los países, aunque haya diferencias importantes, con un bajo nivel de delincuencia en general, pero subiendo en los últimos años. En Estados Unidos es notablemente más elevado, habiendo crecido mucho en las últimas décadas también.
En USA se cometen ocho veces más atracos que en Inglaterra. La población negra que representa el 11% comete el 72% de los asesinatos y el 85% de los atracos (datos de 1981, Marvin Harris).
En los Ángeles los negros cometen el 50% de los asesinatos cuando son el 15% de la población.
Descontando la población negra, la blanca comete solo tres veces más asesinatos que en Inglaterra, pero tres veces más. Respecto a la negra resulta que la abundante población negra existente ahora en España no se suele ver involucrada en asesinatos ni en robos.

”Las ciudades son los lugares más poblados, pero, ¿por qué en Washinton hay un índice anual de homicidios del 34,6 por cada 100.000 individuos y en Nueva York 14,4, mientras que en Berlín hay un 1,4, en Roma un 1,2 y en Tokio un 0,5” (Bien natural).
La media europea es 1,6 y por países: España 0,92, Irlanda 0,55, Noruega 1,08, Alemania 1,12, Portugal 1,54, Polonia 2,82, Rumania 4,47, Letonia 15,64, Rusia 24,76 (European Sourcebook on crime and justice)

Los negros y los blancos son los mismos en América e Inglaterra, ¿por qué esa disparidad de comportamientos? 4,8 asesinatos por 100.000 habitantes en USA y 1,6 en Europa (los datos son medias de zonas urbanas y rurales, los anteriores solo eran de zonas urbanas), y no sirve decir que allí cualquiera tiene armas porque en España hay por lo menos un millón y medio de escopetas de caza, más aparte cuerpos armados, etc. Y como comentó Michael Moore en Canadá hay millones de armas de caza y no por eso padecen los índices de violencia que hay al otro lado de la frontera.
En 1970 vivían en la RFA 20 millones de personas en las grandes ciudades, que representaban el 32% de la población y cometían más del 50% de los delitos. En las zonas rurales vivían 18 millones de personas, 30% de la población y cometían el 14% de los delitos.
Son datos matizables porque hay que tener en cuenta  que la gente que más se sale de la “norma”, por llamarla de alguna manera, se va de las zonas rurales a las ciudades por lo que estas concentran más gente fuera de la “norma”, pero esa misma gente si hubiera seguido viviendo en una zona rural, con el control social que conlleva, no hubieran llegado tan lejos, sea en la delincuencia, en las drogas, llevando una vida disoluta, etc.

“Cuando los jóvenes afro americanos y los jóvenes blancos fueron comparados sin atender al contexto del barrio, los jóvenes afro americanos eran delincuentes más frecuentes y serios que los jóvenes blancos. Cuando los jóvenes afro americanos no vivían en barriadas de clase baja su conducta delictiva fue similar a la de los jóvenes blancos” (Journal of Quantitative Criminology)

Estas diferencias y otras muchas que se podrían sacar comparando a etnias minoritarias, que en algunos casos parten de una gran marginalidad, como los gitanos en Europa, ponen en duda la casualidad y la genética. En el caso de los gitanos muchos viven ahora de una forma “normal” y seguro que las diferencias con los gitanos marginales en lo relativo a delitos sería similar a la que hay que entre los jóvenes negros que viven en barrios marginales y los que viven en barrios normales, el problema es que estos datos no se hacen públicos. Si fuera por la genética no habría estas diferencias en una misma raza dependiendo de donde vive, los nórdicos seguirían siendo como los vikingos y los alemanes generación tras generación abrazarían ideas violentas y reaccionarias, pero, que casualidad, tanto nórdicos como alemanes son los países más avanzados en temas sociales y tienen unos índices de delincuencia a años luz de los EEUU.
También son evidentes las diferencias en los datos de delincuencia entre los países de Europa occidental y los de la oriental, especialmente Rusia.
La ira y el odio no nacen de la nada y no están registrados en nuestros genes más que como una posibilidad, una capacidad más entre tantas, por si se presenta la necesidad (por si la especie, visto desde un punto de vista biológico, lo necesita). Al no poder controlar nuestros instintos más que en circunstancias normales, nuestras respuestas son en muchos casos viscerales y no las controlamos, se fijaron allí en nuestra infancia cuando nada estaba en nuestras manos hacer para evitarlo. Ante la misma situación cada cual responderá de una forma distinta sin que se haya decidido conscientemente que quiera responder así, le ha sido dado por las circunstancias, de hecho que levante la mano el que no se arrepiente de sus “prontos”, algunos incluso nos sorprenden a nosotros mismos.
Hay quien lo ve claro: lo llevan inscrito en sus genes, otros piensan que llevan una gran carga de frustración, ira, rencor.... En noviembre de 2005 se ha tenido que decretar el toque de queda en muchas ciudades francesas para los adolescentes por la noche debido a los brotes de violencia. La respuesta del ministro francés del interior no es nada sorprendente, a no ser por que otros muchos antes que él ya han recurrido a semejante estrategia: "Esto no es algo improvisado si no que hay alguien detrás dirigiendo esto", más o menos. Somos unos cuantos los que tenemos experiencia en cosas así o conocemos a quien la ha tenido, a parte de la experiencia que nos aporta el conocimiento de situaciones similares en muchos países y sabemos también como los asesores que le informan a este ministro que estas cosas no están organizadas, que cuando la presión se acumula saltan las válvulas de seguridad, y en los barrios marginales se acumula mucha presión. En el caso de Francia esto se veía venir desde hacía tiempo, en España el fenómeno de la inmigración ha empezado más tarde, pero todo indica que el final no será muy diferente, a pesar de partir de una situación de menor rechazo a los extranjeros y en general de una mejor integración de los niños y jóvenes extranjeros.
Una familia “normal” de cuatro hijos pero desgraciadamente con el padre alcohólico. En una época en la que era duro vivir él derrochaba gran cantidad de dinero, las broncas eran habituales y por todo esto la familia no aparecía por casa. Todo el mundo veía esta injusticia, la familia, los vecinos, las autoridades, pero nadie hizo nada. Ni nadie intervino en otra familia marginal con cinco hijos viviendo como salvajes y teniendo que ser expulsados de los colegios por insociables, recibiendo el desprecio y el temor de mucha gente y por supuesto la violencia física y psíquica, empezando por su propia casa.
Y nadie hizo nada por las dos hijas de los vecinos de esta familia marginal que vivieron durante años una situación esquizofrénica por tener semejantes vecinos y por que su madre era una gitana “apayada”, bizca y con un coeficiente intelectual que dejaba mucho que desear y su padre cuarentón con una depresión que le imposibilitaba trabajar y prácticamente salir a la calle, vivían de pensiones por invalidez. Ambos tipos de personalidad son despreciados en el ambiente marginal de los gitanos por lo que eran doblemente víctimas. Muchas veces las niñas iban al colegio porque voluntarios de Cruz Roja las llevaban ante la imposibilidad del padre si la madre no estaba.
En definitiva nadie hizo nada en miles y miles de casos como estos y mucho, muchísimo peores. ¿Que sentimiento pueden guardar en su interior todos estos niños hacia el resto de la sociedad cuando son adultos, aunque ellos no sean conscientes?, ira, rencor, deseos de venganza, frustración,.... Afortunadamente nuestra cultura en la mayoría de los casos lleva a interiorizar esos sentimientos, pero cuando la situación se desborda le salen a la sociedad, como a la americana por ejemplo, unos cuantos que se dan el gusto de soltarlo todo de golpe.
A un amigo le comentaba un día un conocido suyo que era yonki, que cuando salía por la mañana a la calle se quedaría en el portal y sin levantar la cabeza barrería la calle con una ráfaga de metralleta, ¡seguro que se lo merecían todos!.
No es casual que en muchos de los casos de asesinos múltiples en USA a alguien se le escape el comentario de que habían sido gente de la que se burlaban o despreciaban sus compañeros, por ejemplo los del instituto Colombine, tristemente famoso y otros más que están reflejados en la prensa, pero es un detalle al que no se le presta mucha atención.



En definitivas cuentas quien defiende la violencia innata en la especie humano lo hace aduciendo la historia humana y la verdad es que resulta difícil llevarle la contraria. Este tipo de mentalidad “no necesita pruebas científicas”, ya se las da la historia, lo que se pasa por alto es que la historia contada habla permanentemente de violencia pero se olvida de las épocas y pueblos que no han sido violentos. Tampoco cuenta la historia el verdadero motivo de esa violencia y no explica porqué esa diferencia de datos estadísticos sobre la violencia en distintos pueblos o en el mismo en distintas épocas o en distintos barrios.
Pero aunque no se le haga mucha propaganda también ha habido y hay pueblos pacíficos y solidarios, evidentemente son minoría, como no podía ser de otra forma, puesto que en el momento que un pueblo se vuelve ofensivo y militarista vence fácilmente a pueblos pacíficos, pero no todos son como los yanomami en que el 33% de los hombres moría en combate, 166 por 100.000 habitantes/año y mucho peor el de los sambias de Nueva Guinea con una tasa de 500 homicidios por 100.000 habitantes, aproximadamente un 46% de los hombres mueren en combate, sin duda todo un record.
Esto en cuanto al sexo masculino, si tomamos en cuenta el porcentaje total de población muerta por causas bélicas es de el 32,7% entre los jíbaros, 20,9 entre los yanomamis de Venezuela, entre el 15,5 y el 18,6% entre algunos papúas. Por comparación las guerras europeas del siglo XVII solo afectaron al 2% de la población, el 3% en Francia en las guerras del siglo XX. (El camino de la guerra)
Pueblos pacíficos han existido y existen como los indígenas de las Andamán, los shoshoni, paiutes y mission de EEUU, los yahgan de Patagonia, los semai de Malasia, los pigmeos mbutis o los bosquimanos.
Parece ser que la guerra está íntimamente ligada a la presión demográfica, o sea, a falta de otro método de control de la población, la guerra era la única alternativa, otra hubiera podido ser el sacrificio ritual pero lo lógico es que si tiene que morir alguien sea un extraño.

“En el bosque denso, con una población escasa, la caza y los conflictos entre humanos van parejos. En la sabana, espacio muy antropizado (humanizado) y poblado, la guerra predomina. A.M. y P. Pètrequin deducen que la presión demográfica, la sedentarización y el medio natural abierto favorecen la guerra en detrimento de la caza.
Es tentador intentar establecer paralelismos entre este modelo y el Neolítico de Europa occidental, en la que durante el IV milenio se pasó, de una  sociedad poco sedentaria con una caza importante a una etapa marcada por la fijación en el territorio, con una mayor antropización del medio y una competencia superior tanto externa como interna”. (El camino de la guerra)

Evidentemente ellos no eran conscientes del trasfondo (el canibalismo azteca es un buen ejemplo)
Las guerras tribales y las que han realizado los estados no se parecen más que en las formas. Una tribu no pretendía conquistar el territorio vecino, pues no tenía una organización estatal para ello ni población suficiente. Solo los estados realmente pretendían conquistar territorios para acumular más poder y riquezas con el saqueo y las guerras estaban claramente enfocadas a este fin, de aquí que en muchos pueblos íberos conquistados por los romanos se inmolaran todos los habitantes en el mismo instante que sus defensas eran rebasadas, de esta forma a los romanos les salía cara la victoria pues las riquezas y los esclavos servían para pagar a la tropa.
Pero cuando una banda cazadora/recolectora vence a otra ni le sirve el territorio, ni consigue botín alguno, pues lo único que pueden encontrar en el campamento enemigo es algo de comida, no mucha, algunas armas, que las sabe fabricar cualquiera, algunas pieles, mujeres o caballos y poco más.
¿Que salen ganando matándose?, salen ganando dos cosas, primero control de la población, curiosamente no de forma directa pues los combatientes son hombres que no tienen ninguna incidencia en el crecimiento de la población, un solo hombre puede tener cientos de hijos con decenas de mujeres. Pero la guerra no es la única característica de los pueblos guerreros, son los hombres los que combaten, así que las niñas no son bienvenidas, por lo que estos pueblos tienen los mayores grados de desigualdad (sex/ratio) entre sexos ya que el infanticidio femenino es la norma. En China son más modernos y al infanticidio femenino se le denomina aborto selectivo o abandono en los hospicios, causado en este caso en vez de por la guerra por la política del hijo único.
Diversos estudios de población realizados por antropólogos son muy expresivos. Los datos de población realizados por los antropólogos a etnias que todavía practicaban la guerra, y el infanticidio, cuando llegaron los occidentales, muestran una a tasa de población media de 133/100 a favor de los varones en el estrato de edad adolescente, pero de 96/100 en los adultos. En cambio esas medias cambian si el censo se realizó 25 años o más después de dejar la guerra como práctica habitual a 104/100 en los jóvenes y 96/100 para adultos.
Otra ganancia que produce la guerra a un pueblo cazador es más indirecta pero básica para su supervivencia. Imaginemos los albores de la expansión de nuestra especie por el planeta, toda la Tierra estaba virgen de competidores excepto la que íbamos dejando atrás. La caza sobraba y cada clan podía ocupar todas las tierras que necesitara y tener toda la descendencia que deseara sin ninguna cortapisa. Una vez ocupado todo el territorio, ya no hay donde ir y los animales que cazar y frutos que recoger son finitos, y todavía no han aprendido sistemas de incentivar la producción. Y aquí comienza el problema, la evolución fue tan lenta que ellos no pudieron llegar a la conclusión de que la caza se acababa por el aumento de población, algo con lo que nuestra especie no se había encontrado nunca y no estaba preparada para comprenderlo. Por lo tanto en una situación de guerra permanente las fronteras de los territorios son tierra de nadie, donde resulta peligroso cazar o recolectar, por lo que estos terrenos se terminan convirtiendo en reservorios de los animales de caza, tanto por que se les caza menos como porque en estas zonas pueden criar con tranquilidad.
Hoy día los reservorios de fauna son una pieza importante en la gestión medioambiental en forma de parques nacionales o cualquier otra figura de protección.

“Hay una repulsión o intolerancia innata al sufrimiento ajeno, que mueve a la misericordia y al auxilio intra específico. Este impulso solidario no es suficiente para desactivar la violencia que unos hombres ejercen sobre otros y que ocasiona mucho dolor; pero impide afirmar que el hombre sea constitutivamente malo-para-el-otro”. (El hombre en desazón)

Es fácil llegar a la conclusión de que la violencia es genética viendo familias donde la delincuencia se hereda en mucha mayor medida, pero viendo como se cría a esos niños salta a la vista que no es necesaria la genética, son criados como salvajes y como tal se comportan aunque unos pocos sean capaces de romper la cadena y salirse de ese ambiente. Pero también niños adoptados han tenido unos niveles de delincuencia más parecidos a sus padres biológicos que a los adoptivos, en primer lugar pueden ser los genes, pero también las improntas que esos niños han recibido hasta determinada edad en que fueron apartados de sus padres biológicos, así que aquí cabría diferenciar por edades para ver la diferencia entre la genética y la impronta. Alguien puede pensar que no somos los patos de Konrat Lorenz, por lo de la impronta, pero son ellos los que tienen que demostrar que la impronta no existe en el homo sapiens.

“Hemos visto esos pocos casos en los que un ser humano crece aislado en la selva, ¿que pasa con ellos? Van a tener un desarrollo similar al de un simio. Un niño que no recibe estímulos culturales de su entorno no puede desarrollar todo su potencial, no irá más allá que cualquier antropoide” (Victoria Hernádez, La Razón 29-9-07)


Según Eric Turkheimer la criminalidad no está en unos genes heredables si no en “personalidades” heredables, lo que es muy distinto y en principio más controlable.
Parece pues que la violencia en nuestra especie no es tan inevitable como se cree, o mejor dicho es tan innata como el pacifismo, solo depende de las necesidades que las circunstancias cambiantes crean.
Viendo los datos de delincuencia entre USA y Europa o entre los barrios marginales y los que no lo son, salta a la vista sin ser ningún experto que esos niveles de delincuencia tan altos están claramente motivados por circunstancias muy determinadas. Por lo tanto esa diferencia entre el 4,8/100.000 de asesinatos en USA y el 0,96 en España se puede solucionar actuando sobre esas circunstancias. Pero aún así queda ese 0,96 en España ¿Es el mínimo inevitable?, bueno en Europa pasa exactamente lo mismo, la inmensa mayoría de esos asesinatos los comete una pequeña fracción de la población y en zonas urbanas, 32% de la población alemana comete más del 50% de los delitos, una reducción más que drástica, aún así ¿es inevitable esa violencia?, puede que si o puede que no, pero no cabe ninguna duda de que si se invirtiera un poco más en apoyo social aún bajarían más esas cifras y por lo pronto los índices de delincuencia serían bastante anecdóticos. Simplemente centrar esfuerzos en las capas de la población marginal y en los delincuentes reincidentes, una pequeña parte de la población donde se concentra la mayor de los delitos, sin duda bajaría una parte de esos porcentajes de violencia.

Y ahora extrapolemos todo esto que pasa individualmente en cada país, sus niveles de delincuencia y violencia social,  a todo el mundo, como si la Tierra fuera un país y cada país actual una región, porque las dinámicas sociales son similares a escala de familia, ciudad, región, país y el mundo.

Puede que la violencia sea inevitable pero de los 4,8 homicidios por 100.000 habitantes  en EEUU a los 0,96 de España (sin contar los 500 homicidios por 100.000 de los sambias de Nueva Guinea) hay un gran porcentaje que es evidente que no está en los genes si no en aspectos sociales, un porcentaje que representa en EEUU unos 24.000 de los aproximadamente 30.000 homicidios anuales, 24.000 personas que no hubieran muerto un año dado si la sociedad americana se preguntara el porqué de sus elevados índices de delincuencia.
Y de la misma forma que la elevada violencia en las calles americanas no ha salido de la nada ni existe por una fatalidad del destino, tampoco la violencia que amenaza a países enteros como México, Gautemala o el Congo, ni el radicalismo islamista o cualquiera de los conflictos que están poniendo el mundo al borde del peligro han salido de la nada.

¿Podremos acabar alguna vez con esta cadena de violencia?, puede que sí o puede que no, son mayoría los que creen lo segundo y abogan por la mano dura para su control, por otro lado están los “buenistas”, entre medio excepticos más o menos escorados a un lado u otro y por fin unos pocos que, dejando al margen lo que sus emociones le dictan, abogan por la utilización de la característica distintiva de nuestra especie: la racionalidad (que dicho sea de paso es como el sentido común: el menos común de los sentidos). Y en este caso los dispares datos de delincuencia dejan claro que al menos en EEUU se ahorrarían unas 24.000 muertes año y muy probablemente Occidente una parte importante de la cantidad de muertes por terrorismo y el choque de trenes que se intuye con el Islam, amén de lo que pueda pasar con Rusia o China.

La violencia no es inevitable, al menos gran parte de ella, sabemos de donde nace y tenemos las herramientas para evitarla, como así lo han demostrada distintas sociedades.